Lunes , 01-03-10
Lura canta sobre su tierra, donde realmente no nació. Su cuna fue Lisboa pero su espíritu reside en Cabo Verde, un país que logró su independencia de Portugal en el mismo año en el que Lura vino al mundo, 1975. Cabo Verde puede ser para muchos un insignificante territorio en términos de estrategia global, pero dicen de esta tierra que posee una sabiduría nativa que podría enseñar muchísimo a las naciones más poderosas. Inventado por los colonos europeos, trabajado por africanos y castigado por la sequía, Cabo Verde se las ha ingeniado para curar las heridas infligidas por una historia de hambre para convertirse en país orgulloso.
Dos tercios de los caboverdianos viven fuera de su país; entre ellos sus artistas. La capital del país vecino es el hogar de la mayor parte de la diáspora de Cabo Verde, aunque también se encuentran grandes comunidades en Senegal, el noreste de los Estados Unidos, Holanda, Francia e Italia. En Lisboa, la población de esta región africana se concentra sobre todo en el barrio de Benfica, en un distrito de calles estrechas y casas de hormigón. Si embargo, el «centro» de la Lisboa portuguesa-africana es Rua Poço de Negros, una arteria que discurre desde el Barrio Alto hasta el distrito Parliament, y que acoge muchos restaurantes, tiendas y nightclubs africanos.
El padre de Lura era de Santiago, la isla más grande, más verde y más africana de las diez piedras volcánicas diseminadas en el océano. Su madre es de Sao Nicolau, el cayo que produce el mejor ron de la localidad. Ella misma reconoce que su familia «no pertenece al ámbito de arte» pero que sus progenitores escuchaban música, «sobre todo morna». Sus recuerdos vuelan hacia la saudade de terciopelo que, letárgicamente interpretada por Cesaria Evora, ha hecho a Cabo Verde famoso en todo el mundo. No cabe duda. Las melodías de Evora han «abierto el camino a otros estilos» nativos del archipiélago africano.
TIMBRE PROFUNDO. A los 17 años, Lura era bailarina. Un golpe de suerte, tal vez no tan inesperado, hizo que la estrella de la música africana y originario de Sao Tomé y Príncipe, Juka, le pidiese que hiciese los coros en su nuevo álbum. «Yo nunca había pensado en cantar, pero él insistió». Lura, todavía permanece incrédula ante sus inicios. El disco de Juka fue todo un éxito. El potencial de la voz de la bisoña artista, su timbre profundo y sus inflexiones sensuales provocaron que otras celebridades africanas de habla portuguesa como Bonga de Angora o Tito París, contaran con su voz para sus proyectos. Los trucos comerciales y las recetas predominaron en su primer trabajo, del que ella misma comenta que «estaba pensado para discotecas». Aun así, la melodía de una de las pistas, «Nha Vida» (Mi vida), despertó gran interés en el entorno musical y formó parte del recopilatorio de la campaña sobre el sida, «Red Hot+Lisbon».
Su segundo cedé, editado en 2002, todavía tenía como público objetivo a la comunidad joven. Pero dos de sus canciones, «Ma’n ba dès bès kimida dâ» y «Tabanka Assigo», escritas ambas por el joven Tcheka, asombraron por sus ritmos deliciosos cantados por una voz madura y voluptuosa. En 2004, Lura consigue por fin grabar un álbum totalmente caboverdiano. «Di Korpu Ku Alma» (Del cuerpo y del alma) disparó su reputación en su país y entre la diáspora por el éxito de la composición «Vazulina», una historia sobre el abuso de gomina por parte de las chicas del continente africano, con el afán de alisar su pelo. El tema, una declaración de identidad de Cabo Verde, fue escrito por Orlando Pantera, un novicio escritor que, antes de morir, revolucionó uno de los principales géneros tradicionales de ese país, estableciendo un estilo que inspiró a toda una generación de nuevos artistas. «M’bem di Fora» («Vengo de Lejos»), producido en 2006, fue el último trabajo de esta artista caboverdiana, hasta el momento.
SOLEDAD ACOMPAÑADA. Cuando Lura canta nunca esta sola. Tras cuatro años, la estrella étnica regresa con su mejor álbum, «Eclipse». Grabado ente Bruselas, Lisboa, París y Nápoles, su cuarta obra confirma un talento seguro y la elegancia natural de una cantante que todavía guarda muchas sorpresas en la recámara. Una acústica plena de gracia que describe ese sentimiento confuso de melancolía y de tristeza, una relación nostálgica con la tierra, el mar y la familia, cantada desde siempre por los poetas, los marineros y sus mujeres. En la voz sensual de Lura, se entrevén los lamentos lánguidos de su exilio, una soledad suave, pero nunca amarga. Ahora, tendremos la oportunidad de disfrutar de su música en directo. n